alojó en un pequeño motel a veinte minutos de la granja.
A las dos y diecisiete de la madrugada sonó su teléfono.
Era Elora.
—Caleb, ¿puedes venir?
La voz le temblaba.
—¿Qué ocurre?
—Oliver está enfermo. Tiene mucha dificultad para respirar. He llamado a emergencias, pero necesito que alguien esté con Noah y Lily mientras salgo con él.
Caleb ya estaba buscando las llaves.
—Voy para allá.
Cuando llegó, una ambulancia estaba frente a la casa.
Oliver lloraba débilmente en brazos de su madre. El personal sanitario le estaba administrando