A las cinco de la mañana, Noah se despertó llorando.
Buscaba a su madre.
Caleb se sentó a su lado, sin saber cómo consolarlo.
—Mamá volverá pronto.
—¿Y Oli?
—Los médicos lo están cuidando.
Noah lo observó.
—¿Tú también te vas a ir?
Aquella pregunta le hizo más daño que cualquier insulto.
—Ahora no.
El pequeño bajó la mirada.
—Mi mamá dice que la gente a veces se marcha porque tiene cosas importantes que hacer.
Caleb sintió que la garganta se le cerraba.
—Tu mamá es muy buena persona.
—Sí.