acostados, Caleb ayudó a recoger los platos.
Elora lavaba los vasos mientras él los secaba.
Parecían dos personas corrientes terminando una celebración familiar.
Y eso, para Caleb, era más valioso que cualquier ceremonia de premios a la que hubiera asistido.
—Elora —dijo finalmente—, hay algo que quiero preguntarte.
Ella dejó un vaso sobre la mesa.
—Te escucho.
—¿Crees que alguna vez podrías volver a confiar en mí?
Elora tardó en responder.
—Confío en que mañana vendrás por los niños cuando has dicho. Confío en que no vas a desaparecer sin