tela para Lily, que todavía conservaba aquella primera muñeca con el brazo cosido torpemente.
Después de abrir los paquetes, Lily se acercó a su padre.
—Papá, ¿puedes arreglarle el vestido?
Fue la primera vez que lo llamó así sin que nadie se lo sugiriera.
Caleb se quedó inmóvil.
Elora, desde el otro lado de la mesa, vio cómo se le humedecían los ojos.
—Claro, cariño —respondió él—. Aunque quizá mamá tenga que enseñarme otra vez.
Lily soltó una carcajada.
Aquella noche, cuando los invitados se marcharon y los niños estaban