diseñar tus máquinas?
Caleb no necesitó pensarlo.
—Que algún día mis ideas alimentarían a la gente como esta tierra nos alimentaba a nosotros.
—Lo recuerdas.
—Nunca lo olvidé. Solo dejé de entenderlo.
Elora hundió suavemente los dedos en la tierra.
—Yo creía que el éxito iba a hacernos felices.
Caleb negó con la cabeza.
—Y yo creí que el éxito me haría demasiado importante para esta vida.
Miró la casa, donde sus tres hijos jugaban bajo la supervisión de Harper.
—Me equivoqué.
Elora lo observó.
—Sí.
No hubo crueldad en