EL HOMBRE QUE ABANDONÓ A SU ESPOSA POR DINERO REGRESÓ DOS AÑOS DESPUÉS… Y AL VER A LOS TRES NIÑOS EN EL CAMPO, CAYÓ DE RODILLAS Advertisements

su respuesta.

Solo verdad.

Caleb se levantó, se sacudió las manos y recogió las herramientas.

—Voy a guardar esto antes de que empiece a llover.

Dio unos pasos, pero ella lo llamó.

—Caleb.

Él se volvió.

Elora permanecía entre los surcos, con el sol del atardecer iluminándole el rostro.

—El domingo vamos a preparar la cena para todos los que ayudaron a levantar la cooperativa.

—Lo sé. Noah me lo contó.

—Quiero que vengas.

Caleb sonrió.

—Por supuesto. Los niños me lo pedirían de todos modos.

—No —dijo ella—. Esta