Mis padres no asistieron a mi boda porque consideraban que mi esposo, un veterano que necesitaba bastón, jamás podría darme una buena vida. Durante 14 años fingieron que yo no existía. Hasta que supieron que nuestra empresa valía millones de pesos. “Ahora nos toca disfrutar de tu éxito”, anunció mi madre al llegar con tres maletas. Yo permanecí tranquila, pero una carta de mi padre cambiaría todo.

vale menos por caminar con un bastón?

No respondió.

Entonces mi madre puso una condición.

—Si decides casarte con él, no esperes que nosotros apoyemos esa boda. Tendrás que elegir.

Miré a Sergio.

Él me tomó suavemente de la mano.

—Gaby, no quiero que pierdas a tu familia por mí.

Pero yo ya había comprendido algo.

Mis padres no estaban preocupados por mi felicidad. Estaban preocupados por la opinión de sus amistades.

—Ya elegí —respondí—. Y algún día van a entender lo que perdieron.

Nos marchamos aquella noche.

Nos casamos