vale menos por caminar con un bastón?
No respondió.
Entonces mi madre puso una condición.
—Si decides casarte con él, no esperes que nosotros apoyemos esa boda. Tendrás que elegir.
Miré a Sergio.
Él me tomó suavemente de la mano.
—Gaby, no quiero que pierdas a tu familia por mí.
Pero yo ya había comprendido algo.
Mis padres no estaban preocupados por mi felicidad. Estaban preocupados por la opinión de sus amistades.
—Ya elegí —respondí—. Y algún día van a entender lo que perdieron.
Nos marchamos aquella noche.
Nos casamos