mi madre.
—¿Por qué le mentiste?
—Porque sabía que ibas a empezar con tus dramas. Siempre has sido complicada cuando alguien te pide un favor.
Sergio permanecía a mi lado.
Apoyaba una mano sobre su bastón y la otra contra el marco de la puerta.
Aquel día había amanecido con dolor. Lo sabía porque lo había visto levantarse despacio, intentando que yo no notara cuánto le costaba caminar.
Mi madre también lo notó.
Y, como catorce años atrás, decidió aprovecharlo.
—Bueno, veo que tu esposo sigue igual. Por lo menos