ahora tiene dinero para pagar sus tratamientos.
Sentí una punzada de rabia.
—No vuelvas a hablar de Sergio de esa manera.
Ella hizo un gesto de fastidio.
—Ay, Gabriela, eres demasiado sensible. Si el negocio salió adelante gracias a ti, tampoco tienes que fingir que él hizo todo.
Sergio bajó la mirada hacia su bastón.
Conocía aquella expresión.
No era vergüenza.
Era cansancio.
Cansancio de escuchar a personas que creían conocer toda su historia por observar cómo caminaba.
—Nuestra empresa la construimos juntos —respondí—. Sergio fue quien comenzó todo.
Mi