dinero y un lugar donde vivir, como si esos catorce años no hubieran existido.
Mi madre apretó los labios.
—Eso es un asunto entre nuestra hija y nosotros.
—Tiene razón. Y por eso nunca he intentado decidir por ella. Pero esta también es mi casa, y no voy a permitir que vuelva a sentirse humillada dentro de ella.
Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas.
No porque necesitara que Sergio me defendiera.
Sino porque recordé al hombre joven que había permanecido en silencio durante aquella cena, soportando insultos