Mi madre desvió la mirada.
—Eso no tiene nada que ver.
—Para nosotros tiene mucho que ver.
Su voz era tranquila.
No necesitaba gritar para hacerse escuchar.
—Durante años vi a Gabriela esperar una llamada. La vi escribir tarjetas que nunca recibieron respuesta. La vi llorar cuando regresó una fotografía de nuestra boda sin que siquiera hubieran abierto el sobre.
Mi padre cerró los ojos.
Sergio continuó:
—Yo nunca le pedí que dejara de quererlos. Al contrario, siempre esperé que algún día pudieran estar juntos. Pero ahora vienen a exigirle