favor. Con lo que ustedes tienen, dos personas más no significan nada.
—¿Quieres que paguemos su alimentación, sus servicios y sus deudas?
—Quiero que dejes de interrogarnos como si fuéramos unos desconocidos.
Aquella frase me dolió más de lo que esperaba.
—Eso es exactamente lo que somos, mamá. Ustedes decidieron convertirse en desconocidos para mí.
Mi padre levantó la cabeza.
—Gabriela…
—No, papá. Necesito decirlo.
Respiré profundamente.
—No estuvieron en mi boda. No supieron cuándo dejé el Ejército. No conocieron nuestra primera oficina, ni cuando casi cerramos por falta de