una vida junto a Sergio, sabía que ceder no recuperaría los años perdidos.
Solo enseñaría a mi madre que podía lastimarme y regresar cuando necesitara algo.
—Yo tampoco imaginé pasar catorce años sin mi mamá —respondí—. Y aun así tuve que aprender a vivir con ello.
Mi padre tomó dos maletas.
—Vámonos, Patricia.
—No pienso irme hasta que Gabriela recapacite.
Él se volvió hacia ella.
—Entonces tendrás que decidir cómo quieres regresar. Yo no voy a seguir humillando a nuestra hija.
Mi madre permaneció inmóvil unos segundos.
Después agarró su