nombre.
Todo el sector tecnológico lo conocía.
LUMEN había desarrollado una plataforma que permitía adaptar las lecciones a las necesidades de cada niño, combinando inteligencia artificial, recursos visuales y herramientas de comunicación asistida.
En menos de tres años, el proyecto había pasado de ser una iniciativa pequeña a colaborar con escuelas y hospitales de varios países.
Dos semanas antes, una revista internacional había anunciado un reportaje especial sobre su fundadora.
La edición asiática de TIME le dedicaría su portada.
Y yo era esa mujer.
—¿LUMEN es tuyo? —preguntó Adrián.
—Sí.