Su expresión cambió.
Conocía aquel proyecto por una razón muy concreta: el grupo tecnológico de su familia llevaba seis meses intentando obtener una licencia comercial exclusiva.
Habían enviado propuestas, intermediarios y varias ofertas millonarias.
Todas habían sido rechazadas.
Adrián volvió a mirar el diploma.
—¿Tú eres la fundadora?
—Ya te he respondido.
Clara apretó los labios.
—Qué coincidencia —comentó—. Justo cuando nuestra empresa está negociando con LUMEN, apareces aquí con un niño…
No terminó la frase.
Miré a Clara.
Seguía siendo hermosa. Llevaba un abrigo de diseñador y un bolso