lo que quiere. Pero se le pasa enseguida.
Una lágrima le recorrió la mejilla.
—Se parece a mí.
—Físicamente, mucho.
Levantó la cabeza.
—¿Y en lo demás?
Pensé en Leo abrazando a sus amigos cuando lloraban.
En su costumbre de compartir la última galleta.
En cómo me decía que descansara cuando me veía cansada.
—Tiene un corazón muy distinto —contesté.
Adrián aceptó aquellas palabras sin discutir.
Las pruebas confirmaron la paternidad.
No fue una sorpresa para ninguno de los dos.
Sin embargo, antes de que pudiéramos acordar cómo presentar a