por obligación, no por amor.
Quizá Leo habría crecido en una casa donde sus padres apenas se dirigían la palabra.
Nunca podría saberlo.
Lo que sí sabía era que Clara había tomado una decisión sobre mi vida y la de mi hijo sin tener derecho a hacerlo.
Guardé la grabación de la conversación, realizada con su conocimiento, y se la entregué a mi abogada.
No para provocar un escándalo.
Sino porque necesitábamos conocer toda la verdad antes de decidir qué hacer.
A la mañana siguiente, Adrián me pidió otra reunión.