hospital, su corazón ya estaba gravemente comprometido.
Esta vez no esperaría.
—Porque quiero envejecer contigo —contesté—. Y para eso tenemos que cuidarnos.
Robert me besó la frente.
—Entonces iremos juntos.
LA ENFERMEDAD QUE TODAVÍA NO HABÍA LLEGADO
El cardiólogo detectó algo que nos dejó helados.
Robert presentaba una enfermedad coronaria importante.
Todavía no había sufrido el episodio agudo que recordaba de mi vida anterior, pero los estudios mostraban obstrucciones que requerían una evaluación especializada.
El médico explicó las opciones y los riesgos. Después de nuevas pruebas, el equipo recomendó una