por qué había dejado la investigación.
Nunca había querido saber qué hacía antes de casarse.
Había asumido que simplemente había elegido una vida más tranquila.
Una esposa de militar.
La persona que esperaba.
Y él había aceptado esa versión porque le resultaba cómoda.
Vivian se levantó.
—¿Dónde encontraste el anillo?
Daniel la miró.
—¿Qué?
—Su alianza.
Lo había encontrado sobre la mesa de noche.
La sacó del bolsillo.
Vivian la observó.
—No fue un secuestro.
Daniel apretó la mandíbula.
—No puedes saberlo.
—Preparó la casa.
—Podrían haberla obligado.
—Dejó comida