la hacía feliz a ella.
Su madre se marchó llorando.
No arregló nada.
Pero algo empezó a cambiar.
Daniel devolvió las cajas de recuerdos de Vivian.
No las tiró.
Las llevó a casa de ella.
Vivian abrió la puerta.
—¿Qué es esto?
—Tuyo.
—No.
—Son tus cartas.
—Yo te las escribí a los veintidós.
—Lo sé.
—Quédate con ellas.
Daniel negó.
—No.
Vivian lo observó.
—¿Por qué?
—Porque pasé doce años amando un recuerdo.
—Daniel.
—No es culpa tuya.
Dejó la caja.
—Pero tampoco era justo para Mara.
Vivian miró