las cartas.
—¿La amas?
Daniel tardó en responder.
—Sí.
—¿O solo la extrañas?
La pregunta lo atravesó.
—No sé.
Vivian asintió.
—Entonces no la busques hasta saber la diferencia.
Tres meses después, Horizonte alcanzó su primera prueba funcional.
El prototipo no era perfecto.
Pero funcionaba.
Cuando la pantalla mostró una trayectoria estable bajo interferencia simulada, nadie habló durante varios segundos.
Después Elias golpeó la mesa.
—Eso es.
Me quedé mirando los números.
Mis manos temblaban.
Warren entró.
—¿Resultado?
Le mostré.
El hombre que rara vez sonreía sonrió.
—Doctora Vale.
Hacía