cuando trabajaba.
Había retirado el anillo.
No la cadena.
—Eso no prueba nada.
—No.
Elias siguió escribiendo.
—Solo significa que todavía existe una pregunta.
—¿Cuál?
—Qué parte de tu vida anterior quieres conservar.
Lo miré.
—¿Siempre eres así de insoportable?
—Sí.
—Qué alivio.
Sonrió.
No volvimos a hablar del tema durante semanas.
Dos años y siete meses después de mi desaparición, Horizonte dejó de ser un programa completamente negro.
El gobierno decidió reconocer públicamente una parte del proyecto.
No la tecnología completa.
No las instalaciones.
Pero sí un equipo científico