Faltaban cinco días.
Inesperadamente me invitó al cine.
La película trataba de un soldado que abandonaba a su esposa embarazada para cumplir una última misión.
En la escena final, ella quedaba sola bajo la lluvia mientras él caminaba hacia un avión militar.
Daniel me preguntó:
—¿Por qué lloras?
Me limpié una lágrima.
—Porque a veces uno no desaparece cuando se marcha.
Él frunció el ceño.
—¿Entonces?
Miré la pantalla.
—Desaparece cuando comprende que ya nadie lo espera.
No entendió.
Por supuesto que no.
Faltaban cuatro días.
Vivian llegó a nuestra