en los frenos. Mi padre aceptó el informe y nunca volvió a hablar del asunto.
—Pero tú no lo creíste.
—Durante años creí que había sido un accidente. Hasta que encontré una carta que ella había escrito dos días antes de morir.
Me miró directamente.
—Estaba embarazada de gemelos.
Un frío extraño me recorrió la espalda.
—¿Gemelos?
Adrian asintió.
—Mi padre había recibido amenazas relacionadas con la herencia familiar. Alguien le exigía que renunciara al control de la empresa. Después murió mi madre.
—¿Y quién enviaba esas amenazas?
—Nunca pudieron