delicado, sencillo y precioso.
—Cuando nos casamos, pensé que estaba haciendo lo correcto manteniendo cierta distancia —dijo—. Creía que no debía pedirte sentimientos que nunca formaron parte de nuestro acuerdo.
Me quedé mirándolo.
Adrian tomó mi mano.
—Pero me enamoré de ti.
Sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas.
—Adrian…
—Me enamoré cuando te vi trabajar hasta quedarte dormida sobre tus bocetos. Cuando descubrí que dejabas comida para los gatos del jardín. Cuando te enfrentaste a mi familia para defender a una empleada a la que habían tratado