aquel primer llanto, comenzó a llorar también.
Un minuto después nació su hermano.
Más pequeño, pero igual de decidido a hacerse escuchar.
Ambos necesitaron observación neonatal, aunque evolucionaron favorablemente.
Cuando finalmente pude sostenerlos juntos, tuve la sensación de que todo el dolor de los últimos años quedaba suspendido en un rincón lejano de mi memoria.
No desaparecía.
Pero ya no tenía el poder de definir mi futuro.
Llamamos a nuestra hija Lily.
Y a nuestro hijo Noah.
Adrian los contemplaba como si fueran los dos tesoros más extraordinarios del universo.