—Son muy pequeños —murmuró.
—Son recién nacidos, cariño.
—Lo sé. Pero son increíblemente pequeños.
Sonreí.
—Y tú eres increíblemente grande. Quizá sea una cuestión de perspectiva.
Él rio suavemente.
Después besó mi frente.
—Gracias, Emma.
Lo miré.
—¿Por qué?
—Por elegirme.
Negué con la cabeza.
—Nos elegimos los dos.
Un año después celebramos el primer cumpleaños de Lily y Noah.
No hubo una fiesta gigantesca.
Solo algunos amigos, personas que de verdad nos querían y Margaret, que se había convertido en una abuela adoptiva para los pequeños.
El proceso judicial