hizo una pausa.
—Pero hay algo más que debo contarte.
Sentí que mi corazón daba un vuelco.
—¿Qué?
—Hace dos meses me repetí los análisis de fertilidad.
Lo miré sin comprender.
—¿Por qué?
—Porque quería saber si existía alguna posibilidad de que formáramos una familia.
La confesión me dejó sin palabras.
Adrian tomó aire.
—Los resultados no coincidían con los del diagnóstico antiguo. Seguía teniendo problemas, pero no era estéril. El especialista dijo que un embarazo natural era improbable, no imposible.
—¿Y no me lo dijiste?
—Quería hablar contigo después