en las que yo misma había llegado a creerlo.
Mis hijos eran un regalo maravilloso, pero no eran la prueba de mi valor.
Mi vida ya tenía valor mucho antes de que existieran.
Adrian levantó la mirada mientras acunaba a nuestro pequeño.
—Emma, ¿en qué piensas?
Sonreí.
—En que aquel día, cuando la doctora anunció que esperaba gemelos, creí que había ocurrido lo imposible.
—¿Y ahora?
Me acerqué para tomar a Lily entre mis brazos.
—Ahora sé que lo verdaderamente inesperado fue encontrar una familia donde nunca pensé que podría