—Quizá. Pero ninguna de ellas justificaba que te mintieran.
Evelyn respiró profundamente.
—Durante mucho tiempo pensé que volver aquí significaría admitir que había fracasado.
—¿Y ahora?
Miró sus manos.
Las mismas manos que habían atendido heridos bajo el fuego enemigo.
Que habían sostenido la mano de Adrian cuando estuvo hospitalizado.
Que habían temblado al descubrir los documentos de su boda.
—Ahora creo que regresar fue la primera decisión que tomé pensando únicamente en mí.
William le apretó suavemente la mano.
—Entonces bienvenida a casa, hija.
Un cumpleaños diferente
Dos meses