La mañana de mi examen, mi hermana me sujetó del brazo en el garaje y me rompió la muñeca. Mientras yo gritaba de dolor, mi padre solo dijo:

PARTE 1

—A ver cómo vas a escribir tu examen mañana, hermanita. Ojalá esos libros también te enseñen a usar la mano izquierda.

Mi hermana Lorena pronunció esas palabras mientras yo estaba tirada en el piso del garaje, abrazando mi muñeca derecha contra el pecho. El dolor era tan intenso que apenas podía respirar. Tenía la mano hinchada y cada intento de mover los dedos me provocaba una punzada insoportable.

Pero lo peor no fue escuchar cómo se había quebrado mi hueso.

Lo peor fue descubrir que mi propia hermana