La mañana de mi examen, mi hermana me sujetó del brazo en el garaje y me rompió la muñeca. Mientras yo gritaba de dolor, mi padre solo dijo:

agentes se identificaron, mostraron la documentación correspondiente y le informaron que tenían una orden judicial en su contra.

Lorena empezó a llorar.

—¡Papá, haz algo!

Arturo intentó intervenir.

—¡Esto es un problema entre hermanas!

Uno de los agentes respondió:

—Señor, hay una investigación penal por lesiones dolosas. Necesitamos que no interfiera.

Mi madre se llevó ambas manos al rostro.

Lorena me miró mientras los agentes le colocaban las esposas.

—Mariana, por favor. Somos hermanas.

Aquellas palabras me dolieron más de lo que esperaba.

Porque durante años había deseado escuchar de