la habían amado cuando todavía era demasiado pequeña para recordarlas.
Una noche, después de que Emily se durmiera, Mary se sentó a mi lado.
—¿Sabes, Sarah? Durante ocho años recé para tener una hija —susurró—. Pero jamás imaginé que, al encontrarla, también te ayudaría a descubrir a la familia que habías perdido.
Le tomé la mano.
Durante años había creído que mi vida estaba definida por los hijos que no había podido tener y por las personas que había perdido.
Pero ahora, sentada en la casa de mi hermana, escuchaba