embarazada de gemelos. Estábamos inmensamente felices.
Pero el embarazo fue complicado.
A las treinta y cuatro semanas, Lily fue trasladada de urgencia al hospital. El pronóstico de los médicos era desalentador. Estaban luchando por salvarla a ella y a los bebés.
Daniel permaneció a mi lado todo el tiempo, pálido como un fantasma. Pero, de repente, me agarró de la mano y me llevó apresuradamente a un pasillo vacío.
—¿Qué está pasando? —le pregunté.
—Antes de entrar a cirugía, Lily me hizo prometer que te contaría esto si ella no