un sobre cerrado. Los recibos eran de un banco y de la clínica donde había estado internada Adriana. Cada uno llevaba la firma de Valentina. Durante un año y medio, trabajando por las noches en una panadería y en una oficina por las mañanas, había ido pagando en secreto una parte de la deuda del hospital. La libreta tenía el título «Plan de jubilación de Rodrigo» y una cifra que, sin ser enorme, era el esfuerzo de cada sábado y cada turno doble.
Dentro del sobre había una carta de