Dijo que alguien estaba utilizando las cuentas de su departamento para mover dinero.
—¿Por qué no me lo contó?
Ella levantó la mirada.
—Lo intentó.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué?
—Fue a su despacho tres veces. Pero Lorenzo siempre le decía que usted estaba ocupado.
Recordé aquellos días.
Las reuniones interminables.
Las llamadas urgentes.
Los informes que mi hermano me entregaba personalmente.
Y entonces comprendí cómo había ocurrido todo.
No había sido solamente engañado.
Había permitido que otra persona decidiera quién merecía ser escuchado.
Aquella tarde, Marcus descubrió una segunda grabación.