de lo que me dejaron a mí cuando decidieron destruirme. Tienen abogados, familias, recursos y la posibilidad de responder por sus actos.
Me incliné un poco hacia ella.
—Yo tuve que reconstruirme sola.
Salí del salón sin volver la cabeza.
Alexander me esperaba junto al ascensor.
—¿Cómo te sientes?
Pensé en todas las respuestas posibles.
Aliviada.
Triste.
Vacía.
Finalmente dije:
—Tengo hambre.
Él soltó una carcajada.
Fue la primera risa sincera que escuché aquella noche.
—Conozco un restaurante excelente.
—¿Sin cámaras?
—Sin cámaras.
—¿Sin empresarios?
—Eso será más difícil.
Lo