EL REGALO DE BODA QUE CONVIRTIÓ UNA CELEBRACIÓN MILLONARIA EN UNA PESADILLA

me perdones. Solo quería decirte que tocaste maravillosamente. Adrian.

Lo leí una vez.

Luego bloqueé el número.

No sentí rabia.

Tampoco nostalgia.

Algunas historias terminan mucho antes de que sus protagonistas acepten que han terminado.

Alexander apareció con dos vasos de chocolate caliente.

—Te estaba buscando.

Guardé el teléfono.

—Aquí estoy.

Me ofreció uno.

—¿Qué tal te fue?

Lo observé, sorprendida.

—Estabas entre el público.

—Lo sé. Pero prefiero saber cómo te sentiste tú.

Sonreí.

—Libre.

Alexander levantó su vaso.

—Entonces brindemos por eso.

Miré las luces de Viena al