EL REGALO DE BODA QUE CONVIRTIÓ UNA CELEBRACIÓN MILLONARIA EN UNA PESADILLA

cenar? No como representante legal, ni como socio de tu fundación, ni como aquel hombre que apareció en tu boda con una invitación.

Lo miré divertida.

—¿En calidad de qué, entonces?

—De un hombre al que le gustaría conocerte mejor.

Sentí una calidez inesperada en el pecho.

Durante años había creído que el amor consistía en soportarlo todo.

Ahora empezaba a entender que también podía ser sencillo.

Una invitación sin exigencias.

Una pregunta que admitía un no.

Una mano extendida sin intención de encadenarme.

—Sí —respondí—. Me gustaría.

Alexander sonrió.