pena aceptar.
Cuando me enamoré de Adrian, creí haber encontrado a alguien que me permitiría escapar.
Me equivoqué.
Al principio era atento. Me acompañaba a los ensayos y me enviaba flores después de los conciertos.
Luego comenzó a criticar mis vestidos, mis amistades y mi carrera.
—No necesitas tocar para desconocidos —me decía—. Cuando nos casemos, tendrás todo cuanto quieras.
Confundí el control con protección.
Renuncié a una gira por Europa porque él dijo que no soportaría tantos meses separados.
Rechacé una beca en Salzburgo porque su madre consideraba vergonzoso