la puerta, ya no llevaba la ropa vieja del jardinero.
Vestía el mismo traje oscuro con el que Elena lo había despedido de casa diez años atrás.
Puso una carpeta sobre la mesa.
Miró a su hijo.
—Antes de que tu madre firme algo, Daniel, creo que todos aquí deben saber quién es realmente el dueño de esta casa… y por qué el hombre que declaraste muerto acaba de regresar.
Nadie imaginaba que aquella firma terminaría con esposas, ambulancias y una verdad que destruiría a la familia para siempre.
PARTE