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El primero en reaccionar fue Daniel.
—¡Seguridad!
Nadie apareció.
Arturo cerró la puerta detrás de él.
—Tus guardias están hablando con agentes de la Fiscalía en la entrada.
El rostro de Verónica cambió.
Rubén Salazar se levantó lentamente.
—Yo no quiero problemas familiares.
—Entonces siéntese —respondió Arturo—. Porque esto dejó de ser un problema familiar hace mucho tiempo.
Sacó sus documentos de identificación, certificados y una resolución emitida aquella misma mañana.
El notario tomó los papeles.
Leyó en silencio.
Después miré a Daniel.
—Señor Mendoza… la declaración de fallecimiento