una camilla.
Antes de que los paramédicos la sacaran, buscó la mano de Arturo.
—¿De verdad eres tú?
Arturo se acercó.
-Si.
—Pensé que habías muerto.
—Yo también pensé que no volvería.
Ella tocó su mejilla.
—Estás viejo.
Arturo soltó una carcajada entre lágrimas.
—Tú tampoco tienes veinticinco.
Elena Inclinó.
Fue una sonrisa pequeña.
Pero era la primera sonrisa verdadera que Arturo vio desde su regreso.
Pasó dieciocho días hospitalizada.
Los médicos suspendieron gradualmente los sedantes innecesarios, trataron la desnutrición, estabilizaron su presión y comenzaron una evaluación neurológica completa.
No