lado.
—Esta vez no las olvidé.
Elena tomó una.
—Prometiste comprarlas aquella mañana.
-Perder.
—Te fuiste diez años.
Arturo cerró los ojos.
Durante semanas ella había mezclado recuerdos. Aquella era la primera vez que pronunciaba con claridad cuánto tiempo había pasado.
—Perdóname.
Elena comenzó a pelar la mandarina.
—Yo te esperaré.
Arturo lloró en silencio.
-Perder.
—A veces me decían que estabas muerto. Después Daniel dijo que yo estaba loca porque seguía esperándote.
Dejó un gajo sobre la mesa.
—Y un día empecé a creerle.
Arturo tomó su mano.
—Nunca