Diez años después de desaparecer, regresó a casa y vi a mi esposa arrodillada, limpiando el piso mientras mi hijo la trataba como a una criada. Él me apuntó con una pistola: “Aquí no tienes nada, vete”. Bajé las manos y me marché sin discutir, pero llevaba conmigo una grabación, un contrato millonario y una verdad que podía dejarlo sin casa ni libertad.

Lomas después de que terminó el proceso legal.

Elena no quería volver a caminar por aquellos pasillos.

Con parte del dinero recuperado compraron una casa pequeña cerca de Valle de Bravo.

Nada de mármol.

Nada de guardias.

Había pinos, una chimenea, un jardín donde Elena cultivaba hierbabuena y una terraza desde la que podía ver el lago.

Arturo instaló demasiadas cerraduras.

Elena se burlaba de él.

—Parece que esperas una invasión.

—Viejas costumbres.

—Pues tu nueva misión es referirse a mis plantas.

Poco a poco, Elena volvió a tocar el