el maltrato deje cicatrices visibles para tomarlo en serio.
Y nunca hay que confundir a la familia con permiso para humillar, controlar o destruir.
Porque el verdadero amor no se demuestra con una herencia, una casa enorme ni un apellido.
Se demuestra en algo mucho más sencillo:
en cómo tratas a quien depende de ti cuando crees que nadie está mirando.
PARTE 1
—Si vuelves a tirar una cuchara, hoy no viene. Y si manchas el piso otra vez, duermes en el cuarto de herramientas.
Arturo Mendoza escuchó aquella frase