apenas cruzó la puerta de la casa que había comprado para su esposa veintidós años atrás.
Habían pasado diez años desde la última vez que vio ese lugar.
Diez años desde que una operación de seguridad en la frontera norte salió mal, su equipo perdió contacto con él y, meses después, fue declarado desaparecido y finalmente muerto. Durante todo ese tiempo, Arturo había sobrevivido lejos de su nombre, de su familia y de cualquier posibilidad de volver.
Ahora estaba en Ciudad de México, empapado por una lluvia de octubre, frente