Diez años después de desaparecer, regresó a casa y vi a mi esposa arrodillada, limpiando el piso mientras mi hijo la trataba como a una criada. Él me apuntó con una pistola: “Aquí no tienes nada, vete”. Bajé las manos y me marché sin discutir, pero llevaba conmigo una grabación, un contrato millonario y una verdad que podía dejarlo sin casa ni libertad.

Daniel Apunta.

Lo que no sabía era que Arturo había pasado décadas trabajando en inteligencia militar y seguridad federal antes de aquella misión que lo hizo desaparecer.

Mientras finía limpiar hojas y ramas, estudió las cámaras, los sensores y las entradas de servicio.

Detrás de los contenedores encontraron varios sobres que Daniel había tirado sin destruir.

Uno pertenece a un prestamista privado.

Deuda vencida: 26 millones de pesos.

Otro contenido de estados de cuenta.

Tarjetas saturadas.

Préstamos.

Transferencias a casinos, clubes privados y empresas que ya no existían.

Pero el