Diez años después de desaparecer, regresó a casa y vi a mi esposa arrodillada, limpiando el piso mientras mi hijo la trataba como a una criada. Él me apuntó con una pistola: “Aquí no tienes nada, vete”. Bajé las manos y me marché sin discutir, pero llevaba conmigo una grabación, un contrato millonario y una verdad que podía dejarlo sin casa ni libertad.

de Bravo.

Nada de mármol.

Nada de guardias.

Había pinos, una chimenea, un jardín donde Elena cultivaba hierbabuena y una terraza desde la que podía ver el lago.

Arturo instaló demasiadas cerraduras.

Elena se burlaba de él.

—Parece que esperas una invasión.

—Viejas costumbres.

—Pues tu nueva misión es referirse a mis plantas.

Poco a poco, Elena volvió a tocar el piano.

Al principio sólo recordaba fragmentos.

Después piezas completas.

Una tarde de noviembre, Arturo estaba arreglando una cerca cuando escuchaba desde la casa una melodía de Rachmaninov.

Soltó las