el collar que tu padre biológico te había enviado años atrás. Pensé que podría explicártelo todo aquí, sin que nadie nos interrumpiera. Me expresé terriblemente mal y te asusté. No tengo ninguna excusa.
Dejó la caja sobre el banco y se apartó de mí.
—Lo siento, Lily. Tenías todo el derecho a sentir miedo. Nunca debí ponerte en una situación así.
Le creí cuando dijo que su miedo a perderme era real. Pero también sabía que una disculpa no podía borrar sin más el terror que había sentido en aquel